6 HORAS DE EMOCION A COSTA RICA

Publicado el 3 de febrero de 2026, 13:24

Un viaje de obediencia, familia y misión

Proyecto Ángel 2025 – Camino a Costa Rica y Nicaragua

Todo comenzó con una convicción clara en nuestros corazones: Dios nos estaba enviando. No era solo un viaje, era una asignación espiritual. Así inició Proyecto Ángel 2025, una misión pastoral que nos llevaría a cruzar fronteras, servir iglesias y sembrar esperanza.

El equipo que emprendió este camino estuvo conformado por los pastores generales, junto a su hijo Rafael Pérez, Franchezka y Emmanuel de Jesús Pérez Rocha, acompañados por la pastora Rebeca López Dávila, en su primer viaje como misionera a Costa Rica. Más que un equipo ministerial, éramos una familia en misión, caminando juntos bajo un mismo propósito.

El camino también fue parte de la misión

Nuestro trayecto comenzó de manera terrestre, con aproximadamente dos horas de viaje hasta la frontera entre Nicaragua y Costa Rica. Cada kilómetro recorrido llevaba conversaciones, oración y expectativa por lo que Dios haría más adelante. Una vez cruzada la frontera, continuamos hacia el punto donde nos esperaba la camioneta que nos trasladaría a nuestro destino final en Moracia de Nicoya, Costa Rica. Allí fuimos recibidos con amor por el pastor Jason Cascante, quien se convirtió en una pieza clave en esta etapa del viaje. Desde ese punto emprendimos un recorrido de alrededor de cuatro horas hasta Moracia, tiempo que no solo fue traslado, sino comunión, preparación espiritual y gratitud por la hospitalidad recibida. Cada tramo del camino confirmaba que cuando Dios envía, Él también provee personas, fuerzas y dirección.

Más que un viaje, una experiencia espiritual

Este desplazamiento físico reflejaba una verdad espiritual más profunda: el Reino de Dios se construye cuando hay disposición para salir, cruzar límites y caminar con otros. Proyecto Ángel 2025 no comenzó en un púlpito, comenzó en la carretera, en la obediencia y en la unidad familiar y pastoral.

Llegamos a Moracia de Nicoya con el corazón lleno de expectativa, sabiendo que lo que venía no era casualidad, sino parte del plan de Dios para bendecir vidas, familias, niños e iglesias.

Seguimos creyendo que cada paso dado fue sembrado en fe, y que los frutos de este viaje continuarán dando testimonio de lo que Dios puede hacer cuando Su pueblo responde al llamado.


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